¿Qué viene después?

Grupo de participantes intercambian ideas durante una consulta en el Espacio de la Declaración de Melbourne. En la pared del fondo se puede leer «redistribuir el poder» y «cuidados».
Nuestra misión no termina con la clausura de una conferencia.
La visión sobre el ecosistema de la igualdad de género, plasmada en la Declaración de Melbourne por la igualdad de género, es la brújula que marca nuestro rumbo. No es el producto de una única organización, sino que es el fruto del trabajo conjunto de más de 900 personas provenientes de las principales regiones del mundo: líderes feministas, activistas de base, personas defensoras de los derechos de los pueblos indígenas, representantes gubernamentales e instituciones multilaterales que se unieron para establecer cómo debe materializarse la rendición de cuentas. No es algo que pertenezca a Women Deliver, sino al movimiento en su conjunto.
Sabemos a lo que nos enfrentamos. Nuestro margen de maniobra es cada vez menor. La Declaración no niega esta realidad, sino que identifica de forma clara qué debe cambiar y proporciona al ecosistema un marco común desde el que exigir esos cambios de manera colectiva.
Women Deliver tiene el compromiso de:
- Seguir proporcionando orientación política con miras a transformar el ecosistema de la igualdad de género y volver a poner las obligaciones de los Estados en el centro de la acción colectiva, de acuerdo con la Declaración de Melbourne.
- Seguir aprovechando su capacidad de convocatoria para fomentar y sostener la solidaridad transnacional y entre movimientos.
- Seguir articulando el ecosistema de la igualdad de género con la transformación como objetivo, creando espacios en los que todas las partes interesadas puedan congregarse, definir estrategias y forjar soluciones colectivas al servicio de las niñas, las mujeres y las personas de género diverso.
A junio de 2026, la Declaración ha recibido 829 adhesiones, 318 de ellas de organizaciones. En total, 11 gobiernos han firmado la Declaración de los Estados. Está influyendo en las estrategias nacionales de incidencia, las decisiones de financiación y el trabajo cotidiano de los movimientos, que recurren a ella para exigir más avances.
Nos hemos congregado en Narrm no porque tengamos un problema de compromiso, sino una falta de resultados. La Declaración de Melbourne brinda al movimiento un marco para solucionarlo.